Ocho loco
El juego de cartas de la casa, contra la computadora: echa una carta del mismo palo o del mismo número, usa los ochos para cambiar el palo y quédate sin cartas antes que nadie.
| Jugador | Esta mano | Total |
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Mano 1
Tus cartas
Echaste un ocho: ¿qué palo pides?
Cómo se juega
- Se juega con la baraja francesa de 52 cartas, tú contra 1, 2 o 3 rivales de la computadora. Cada uno recibe 7 cartas (5 si juegan cuatro) y se voltea una carta para empezar el montón.
- En tu turno, toca una carta para echarla al montón. Tiene que ser del mismo palo o del mismo número o letra que la de arriba: sobre el 5 de corazones va cualquier corazón o cualquier otro 5.
- Los ochos son locos: se pueden echar siempre, sobre cualquier carta. Quien echa un ocho elige el palo que sigue, y el siguiente jugador tiene que echar de ese palo u otro ocho.
- Si no tienes ninguna carta que sirva, pulsa «Robar carta». Si la que robaste sirve, puedes echarla o pasar; si no sirve, pasas. Cuando se acaba el mazo, se barajan las cartas del montón menos la de arriba.
- Gana la mano quien se queda primero sin cartas. Los demás se anotan los puntos de lo que les quedó en la mano: cada ocho vale 50, la J, la Q y la K valen 10, el as vale 1 y las demás, lo que marca su número.
- Los puntos se suman mano tras mano. Cuando alguien pasa de 100, termina la partida y gana quien tenga menos puntos.
- Con «Ayudas», las cartas que puedes echar se marcan con borde verde. En nivel Fácil la computadora echa cualquier carta que le sirva; en Normal guarda sus ochos y se fija en qué palos les faltan a los demás. Si cierras la página, la partida se guarda en tu dispositivo.
Sobre el ocho loco
El ocho loco es de esos juegos que se aprenden en una tarde y se juegan toda la vida. En Perú, Colombia y Venezuela se reparte en las reuniones familiares, en los viajes largos y en la mesa del comedor después del almuerzo, y cada casa tiene su manera de jugarlo. Su nombre viene de la carta estrella: el ocho, que se puede echar en cualquier momento y deja a quien lo tira cambiar el palo a su gusto.
Pertenece a la familia de los juegos de descarte, en los que gana quien se deshace primero de sus cartas. La idea es sencilla, pero cada turno pide pensar: qué carta soltar, cuándo guardar un ocho y qué palo pedir para incomodar al que sigue. Por eso es un buen ejercicio para la atención, la memoria y la planificación, y una manera entretenida de mantener la mente activa.
Algunos consejos. No gastes tus ochos al principio: guárdalos para cuando no tengas otra salida o para cerrar la mano, pero tampoco te quedes con varios al final, porque cada uno te costaría 50 puntos. Suelta pronto las figuras, que pesan 10. Cuando pidas palo, elige aquel del que tengas más cartas. Y fíjate en los rivales: si alguien acaba de robar es que no tenía el palo de arriba, así que pedirle ese mismo palo puede frenarlo.
Esta versión usa las reglas básicas. En muchas casas se añaden cartas especiales, como el dos que obliga a robar o la jota que salta un turno, pero aquí se juega a la manera más sencilla, ideal para empezar.